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121. Sé levantó con el sol una mañana. Sabía quién era, sabía a dónde tenía que ir. Sintió esas ganas incontrolables de volar. Abrió las alas y se entregó al viento. Ésta vez lo lograría. (Taken with instagram)
120. “Perseverancia”, reflexionó la grulla, “yo avancé incansable, contra todo, para llegar a mi destino, creo que yo también estoy llena de perseverancia”.
Ante ésta reflexión, el tigre no se pudo contener y comenzó a reír a carcajadas.
“¡Es la verdad!”, protestó Roja, indignada.
“Sí es la verdad”, dijo el tigre, que aún sonreía. “Pero es que no te has dado cuenta de lo más importante. Estás llena de amor. Estás llena de fe. Estás llena de valor. Estás llena de perseverancia. Eres tú, Roja. Eres mi corazón de papel”.
“Quiero cumplir mi misión”, dijo ella, orgullosa, “quiero partir ahora”.
“Hoy necesito que te quedes aquí conmigo”, pidió el tigre, “necesito que recuperes fuerzas. Después de todo, mañana tienes que alcanzar a un jaguar.”
Y con éstas palabras, se fueron a descansar. (Taken with instagram)
119. “El corazón del lobo siempre estuvo lleno de fe”, dijo la grulla, “y el corazón del león siempre estuvo lleno de valor, ¿y tu corazón de qué está lleno?”
“¿Además de amor?”, preguntó el tigre.
“Sí”, respondió la grulla.
“¿Además de fe?”
“Sí”
“Además de valor?”
“Sí”
“Mi corazón está lleno de perseverancia”. (Taken with instagram)
118. La grulla recordó entonces algo que la había preocupado mucho en su viaje: “Ya no estoy llena de esas cosas. De valor, de fe. Las regresé a sus dueños originales. Temo que las había robado.”
“¿Robado?”, preguntó el tigre, asombrado, “¿por qué crees eso?”
“Cuando conocí al lobo, tenía fe y yo la guardé en mi corazón, igual con el valor del león, pero cuando los volví a ver los necesitaban, así que los regresé”.
“Guardarlos en tu corazón no fue robarlos”, explicó él, “y al regresarles lo que guardaste, no perdiste nada.”
La grulla escuchaba todo con atención. El tigre continuó: “El lobo siempre tuvo fe en su corazón, y el león valor, sólo no lo encontraban. Cuando llegaste, tan llena de amor, decidieron ayudarte, y entonces encontraron lo que necesitaban en ellos mismos”.
“¿Por qué decidieron ayudarme?”, preguntó Roja, tranquila al saber que no había robado nada.
“Porque son mis hermanos”, dijo el tigre, “y al verte a ti, sintieron que eras parte de mí. Y las virtudes y los buenos sentimientos no se pierden al compartirlos con amor. Se multiplican. Sin quitarles nada, tomaste esas virtudes, las hiciste crecer en ti, y las compartiste.” (Taken with instagram)
117. “¿Quién soy?”, fue la siguiente pregunta que formuló la grulla, al entender que era más que una mensajera, “¿Qué soy? ¿Soy tu amor?”
El tigre sonrió. Su sonrisa decía que sí, pero al hablar dijo algo diferente. “Estás llena de mi amor. Así como en tu viaje te llenaste de valor, de fe y de esa canción que te dio la luna. Pero no, no eres mi amor. Eres más.” (Taken with instagram)